Autoestima y cirugía plástica
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Autoestima y cirugía plástica

De todos los falsos mitos que arrastra la cirugía plástica, hay uno que se repite de forma reiterada: que la razón de que alguien se someta a una intervención de este tipo responde a motivaciones puramente superficiales.

Lo primero que hay que resaltar a pesar de lo obvio que parece es que nuestro cuerpo es aquel con el que convivimos cada día durante toda nuestra vida. Querer modificar un aspecto de nuestra anatomía por razones estéticas es algo que, a menudo, se valora de forma injusta, porque no se tienen en cuenta las implicaciones psicológicas que puede conllevar convivir con determinados aspectos de nuestra imagen corporal con los que no estamos satisfechos.

En busca de la autoestima

Es evidente que la valoración de nosotros mismos no debe pasar por el filtro estético, pero también es cierto que un complejo puede cambiar nuestra propia definición, tanto en la forma como nos vemos como tanto en la forma de afrontar nuestras relaciones con los demás.

La autoestima consiste en quererse a uno mismo y en valorarnos; la cirugía plástica es tan sólo una vía complementaria para ayudar a vernos de la forma que queremos, aportándonos satisfacción personal y una estabilidad psicológica alejada de los complejos que nos puedan perturbar.

El cambio en nuestro cuerpo

Nuestro cuerpo envejece y está sujeto a constantes cambios: en ocasiones, vernos de manera muy distinta a como era antes puede resultar muy duro. Otra veces, elementos inesperados tales como enfermedades o accidentes pueden provocar modificaciones totalmente imprevistas que sacuden nuestra forma de vernos y que conllevan toda una crisis anímica.

Solucionando complejos desde la cirugía plástica

Cuando una anomalía es muy visible y se busca la naturalidad a través de las intervenciones plásticas, esto repercute muy positivamente en las vidas de los implicados, haciendo que se sientan mejor consigo mismos.

A continuación vamos a poner algunos ejemplos de intervenciones que se encargan de solventar problemas comunes que pueden disminuir nuestra autoestima:

  • Otoplastia. Las orejas constituyen un área que, en el momento en que destacan por estar algo separadas del cráneo o por ser demasiado grandes, se convierten en el foco de atención. Este problema afecta sobre todo a los niños y niñas cuando son pequeños y asisten a la escuela, ya que se convierten en el centro de la crueldad de otros niños al remarcar este rasgo. A través de la otoplastia es posible corregir las alteraciones concernientes a la oreja, eliminando uno de los complejos más comunes.
  • Asimetría mamaria. La asimetría que afecta a los pechos, cuando es muy obvia, provoca problemas de índole práctica y psicológica que pueden llegar a afectar muchísimo en el día a día de las mujeres, además de producir inseguridad. Intervenciones como la mamoplastia o la mastopexia pueden corregir dicha alteración.
  • Ginecomastia. Una de las anomalías que más acomplejan a los hombres es la relacionada con el desarrollo de las glándulas mamarias. Puede deberse a causas como la incapacidad de metabolizar los estrógenos o a la hiperprolactinemia, y puede conducir a graves problemas de autoestima. La ginecomastia es la intervención de cirugía plástica que puede solucionar el problema; en ocasiones una liposucción también puede solucionarlo.